La cartera está formada al 100% por acciones a través de cuatro ETFs y una acción individual. Dos ETFs de amplio mercado estadounidense (S&P 500 y QQQ) suman el 75%, creando una base clara orientada a crecimiento en Estados Unidos. Un 10% está en un ETF de dividendos de EE. UU. y otro 10% en renta variable internacional diversificada, mientras que Coca‑Cola representa el 5% como posición directa defensiva. Esta estructura implica que el comportamiento general estará muy ligado a la bolsa de EE. UU., especialmente a compañías grandes y de crecimiento. La mezcla ofrece cierta diversidad de estilos (crecimiento, dividendos, internacional), pero la columna vertebral sigue siendo el mercado estadounidense y, dentro de él, los negocios tecnológicos y de gran capitalización.
Desde 2016 hasta 2026, un aporte hipotético de $1,000 habría crecido hasta unos $4,736, lo que implica una CAGR del 16.91%. La CAGR (tasa de crecimiento anual compuesta) mide cuánto habría crecido al año de media, como la velocidad promedio en un viaje largo. Esa cifra supera al mercado estadounidense en unos 1.49 puntos y al mercado global en más de 4 puntos, mostrando un comportamiento históricamente fuerte. La máxima caída fue alrededor del -31.43% durante el inicio de la pandemia, algo profundo pero similar a los índices. Solo 41 días concentran el 90% de los retornos, lo que recuerda que perder pocos días muy buenos puede cambiar mucho el resultado histórico observado.
La proyección a 15 años usa simulaciones de Monte Carlo, que generan muchos futuros posibles a partir de la historia pasada. Es como repetir mil veces un mismo viaje con clima cambiante para ver posibles llegadas. El resultado mediano lleva $1,000 hasta unos $2,749, con un rango “probable” entre unos $1,831 y $4,167. También se ve que en escenarios más extremos el rango se abre bastante, de unos $1,036 a $7,536. La rentabilidad media simulada ronda el 8.08% anual, inferior al pasado observado, recordando que los buenos años recientes no se pueden extrapolar sin más. Como siempre, estas simulaciones son aproximaciones, no predicciones garantizadas.
Todas las posiciones de la cartera son renta variable, sin presencia de bonos, efectivo significativo u otras clases de activos. Esto la hace sencilla de entender: participa directamente en la evolución de beneficios empresariales y valoraciones bursátiles. Pero también implica que no hay amortiguadores típicos como renta fija, que a veces suavizan caídas en crisis. En comparación con carteras mixtas más amplias, esta estructura se sitúa claramente en el lado de mayor riesgo y potencial de crecimiento. La diversificación, por tanto, se consigue dentro de la propia renta variable, mezclando índices amplios de EE. UU., sesgos a tecnología, enfoque a dividendos y exposición internacional, en lugar de combinar muchas clases de activos distintas.
El reparto sectorial está dominado por tecnología, alrededor del 40%, muy por encima de lo habitual en índices globales más equilibrados. El resto se reparte entre consumo básico, telecomunicaciones, consumo discrecional, financieros, salud, industriales y sectores más pequeños como energía, materiales, utilities y real estate, todos en pesos moderados. Esta concentración tecnológica ha sido favorable en años de fuerte crecimiento digital y bajos tipos de interés, pero históricamente estos sectores pueden volverse más volátiles cuando cambian condiciones macro como tipos o regulaciones. El hecho de que la composición se parezca bastante al sesgo tecnológico del mercado estadounidense reciente ayuda a que el comportamiento siga de cerca a los grandes índices de crecimiento.
Geográficamente, alrededor del 90% del portafolio está en Norteamérica, con solo pequeñas porciones en Europa desarrollada, Japón, Asia desarrollada y mercados emergentes. Esto crea una clara dependencia de la economía, la política y la moneda estadounidenses. En comparación con un índice global, que reparte más entre distintas regiones, aquí hay un fuerte sobrepeso en EE. UU. y una infraponderación del resto del mundo. Esta alineación con el mercado estadounidense ha funcionado bien en la última década, porque EE. UU. ha liderado los retornos. Al mismo tiempo, una gran parte del valor bursátil mundial y posibles motores de crecimiento futuros no están representados de manera significativa en esta estructura actual.
En términos de capitalización bursátil, la cartera se concentra en empresas mega‑cap y large‑cap, que juntas suman más del 80% del total. El resto se reparte en mid‑caps y una pequeña fracción en small‑caps. Las mega‑caps suelen ser compañías muy conocidas, con modelos de negocio establecidos y liquidez alta, lo que puede aportar cierta estabilidad relativa frente a empresas pequeñas. Sin embargo, también significa que el comportamiento de unas pocas grandes compañías tiene mucho peso en el resultado global. La menor presencia de mid y small caps reduce la exposición a segmentos que históricamente pueden ofrecer ciclos de crecimiento distintos, a cambio de seguir más de cerca la pauta de las grandes empresas líderes del mercado.
El análisis “look‑through” muestra que gran parte de la exposición se concentra en unas pocas compañías muy grandes como NVIDIA, Apple, Microsoft, Amazon, Alphabet, Broadcom, Meta y Micron, todas apareciendo repetidamente dentro de los ETFs. Por ejemplo, NVIDIA sola supone casi un 6% del total estimado, solo a través de fondos. Coca‑Cola destaca al estar tanto como acción directa (5%) como dentro de ETFs, sumando alrededor de 5.42%. Esto indica solapamientos: aunque parezcan muchos fondos, una parte relevante del riesgo se concentra en el mismo grupo de gigantes tecnológicos y algunas multinacionales defensivas. Además, el solapamiento real podría ser aún mayor porque solo se consideran los top‑10 de cada ETF.
Las exposiciones a factores se estiman mediante modelos estadísticos basados en datos históricos y miden inclinaciones sistemáticas (relativas al mercado), no características absolutas del portafolio. Los resultados pueden variar según el período de análisis, la disponibilidad de datos y la divisa de los activos subyacentes.
El perfil de factores aparece bastante equilibrado, con exposiciones cercanas al rango “neutral” en valor, momentum, calidad, yield y baja volatilidad. En esta escala, “neutral” significa parecido al mercado general, sin grandes sesgos deliberados hacia cada característica. La única ligera desviación es un nivel de tamaño algo bajo, lo que encaja con la fuerte orientación a grandes compañías. Los factores son como “ingredientes” que explican por qué un portafolio se comporta de cierta manera a lo largo del tiempo. Tener un conjunto relativamente balanceado implica que el comportamiento suele parecerse al de un índice amplio, más impulsado por la mezcla de regiones, sectores y grandes nombres concretos que por apuestas factoriales muy marcadas.
La contribución al riesgo revela que, aunque el Vanguard S&P 500 pesa más (40%), el ETF QQQ aporta la mayor parte del riesgo, con un 41.99% frente al 39.58% del S&P. El ratio riesgo/peso de QQQ (1.20) indica que “mueve” más la volatilidad de la cartera de lo que su peso sugiere, típico de un fondo muy cargado en tecnología. Los tres principales holdings (S&P 500, QQQ y acciones internacionales) explican casi el 90% del riesgo total, mientras que el ETF de dividendos y Coca‑Cola tienen un impacto bastante suave. Esto muestra cómo una posición con mayor volatilidad puede dominar el comportamiento del conjunto, incluso sin ser la mayor en porcentaje.
Este gráfico muestra la Frontera Eficiente, calculada usando tus activos actuales con diferentes combinaciones de asignación. Destaca el mejor equilibrio entre riesgo y rentabilidad basándose en datos históricos. Los portafolios "eficientes" maximizan la rentabilidad para un riesgo dado o minimizan el riesgo para una rentabilidad dada. Haz clic en cualquier punto para explorar esa asignación.
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En el gráfico de riesgo vs. retorno, la cartera actual tiene una rentabilidad esperada del 17.00% con una volatilidad del 18.07% y una ratio Sharpe de 0.72. La ratio Sharpe compara retorno extra frente a la volatilidad, similar a medir cuántos “kilómetros útiles” se sacan por cada unidad de riesgo asumido. El portafolio óptimo, usando solo estos activos, alcanza Sharpe 0.96 con algo más de retorno y ligeramente más riesgo, mientras que el de mínima varianza reduce riesgo a costa de rendimiento. La cartera actual se sitúa 1.44 puntos por debajo de la frontera eficiente, lo que indica que, solo ajustando pesos entre estos mismos fondos, sería posible mejorar la relación riesgo‑retorno sin introducir nuevas posiciones.
El rendimiento por dividendos global ronda el 1.20%, relativamente modesto pero apoyado por elementos concretos. El ETF de dividendos estadounidenses (alrededor del 10% de la cartera) ofrece en torno al 3.00%, Coca‑Cola aporta cerca del 2.30% y el ETF internacional un 2.50%. En cambio, los fondos de crecimiento como QQQ y el S&P 500 tienen yields más bajos, reflejando un enfoque más centrado en reinversión y valorización de capital. Los dividendos pueden aportar una fuente de retorno más estable en el tiempo, pero en esta estructura el motor principal sigue siendo la apreciación del precio. El perfil encaja con una cartera más enfocada en crecimiento que en ingresos periódicos elevados.
Las comisiones totales (TER aproximado del 0.09%) son muy bajas, especialmente para una cartera basada en ETFs diversificados. El TER es como una “tasa de mantenimiento” anual cobrada por los fondos sobre el patrimonio invertido. Aquí, los fondos centrales cobran desde 0.03% hasta 0.18%, y el promedio ponderado acaba siendo muy competitivo frente a muchas alternativas activas o incluso pasivas más caras. En el largo plazo, pagar menos en costes deja más espacio para que los rendimientos se acumulen a tu favor. Esta eficiencia de costes es uno de los puntos fuertes claros del portafolio, alineándose bien con buenas prácticas habituales de inversión a largo plazo.
Elige un bróker que se adapte a ti y fíjate en las comisiones bajas para maximizar tus ganancias.
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