La cartera está formada solo por dos ETFs: uno global muy amplio con un 70% de peso y otro de small caps globales con un 30%. Esto crea una estructura muy limpia y fácil de gestionar, con exposición accionaria casi pura y sin otras clases de activos que suavicen los altibajos. Tener una base global amplia combinada con un bloque relevante de empresas pequeñas suele aumentar el potencial de crecimiento, pero también la volatilidad. En conjunto, la composición encaja muy bien con un perfil de crecimiento que prioriza rentabilidad a largo plazo frente a estabilidad a corto plazo.
En el periodo analizado, un ejemplo de 1.000 dólares habría crecido hasta 1.243, con una CAGR del 37,55%. El mercado estadounidense y el global lo hicieron ligeramente mejor en tasa anual, aunque la diferencia final en valor es pequeña. La pérdida máxima (max drawdown) fue de alrededor del 9,1%, algo más profunda que la del mercado USA, pero razonable para un perfil de crecimiento. Hay que recordar que es un histórico muy corto y excepcionalmente fuerte, por lo que no es prudente extrapolar estos ritmos de crecimiento como “normales” a futuro.
La proyección a 10 años se basa en una simulación de Monte Carlo, que genera muchos caminos posibles usando el comportamiento histórico de la cartera como guía. Es como simular 1.000 versiones alternativas del futuro, viendo desde los peores hasta los mejores escenarios. Aquí, las cifras de retorno (con un 50% en torno al 22.000% acumulado) son extremadamente altas porque el histórico reciente ha sido inusualmente fuerte y muy corto. Con solo 153 datos, estos resultados son poco fiables y deben verse como un rango ilustrativo, no como algo esperable. Lo realmente útil es entender que, incluso en escenarios flojos, la renta variable a largo plazo puede crecer, pero con grandes vaivenes.
La asignación por clases de activo es prácticamente monolítica: 100% renta variable vía ETFs. Esto maximiza la exposición al crecimiento económico global, pero deja la cartera muy expuesta a caídas de mercado sin el “colchón” de bonos o efectivo. Para un perfil de crecimiento puro, este enfoque está en línea con prácticas habituales y puede ser adecuado si el horizonte es largo y la tolerancia a caídas temporales es alta. La parte positiva es que la diversificación interna de los ETFs compensa, en parte, la falta de otras clases de activos, pero no elimina los ciclos bajistas de la bolsa.
A nivel sectorial, se observa una distribución relativamente repartida: industriales, servicios financieros, tecnología, consumo cíclico, salud, inmobiliario y materiales tienen todos pesos moderados, sin un sector dominando de forma extrema. Esto se alinea bastante bien con la composición de índices globales amplios, lo que es un buen indicador de diversificación. Sin embargo, la presencia de sectores cíclicos y de crecimiento implica que la cartera puede moverse con fuerza en fases de subida, pero también sentir más los golpes en recesiones o subidas de tipos. El equilibrio sectorial es, en general, una fortaleza que ayuda a evitar apostar demasiado por una sola temática económica.
La exposición geográfica visible se inclina hacia Norteamérica, con alrededor de un 19% asignado explícitamente, complementado por Europa desarrollada, Japón, Australasia y África/Medio Oriente en menores proporciones. Esta mezcla se parece bastante a un índice global, donde las economías desarrolladas suelen tener el mayor peso. Esa alineación con estándares globales es positiva, porque reparte el riesgo entre distintas regiones y sistemas políticos. Parte de la exposición real no se ve en el desglose resumido, pero el uso de ETFs mundiales sugiere que también hay presencia en otros mercados desarrollados y posiblemente algunos emergentes, lo que suma diversidad geográfica y de divisas.
Por capitalización, hay un sesgo muy claro hacia empresas pequeñas y medianas: un 14% en small caps, 11% en mid caps y solo un 1% en grandes compañías en el desglose mostrado. Esto encaja con el peso del ETF de small caps y favorece un perfil de mayor crecimiento potencial a costa de más volatilidad y caídas más bruscas cuando el mercado se pone nervioso. Las empresas pequeñas suelen ser más sensibles al ciclo económico y a las condiciones de financiación. Este sesgo puede sumar rentabilidad extra en horizontes largos, pero requiere estar cómodo viendo oscilaciones más intensas en el valor de la cartera.
El análisis look-through solo cubre alrededor del 23% de las posiciones porque se basa en el top 10 de cada ETF, así que la concentración real puede estar algo infraestimada. Las principales exposiciones visibles están muy fragmentadas, con cada empresa representando solo un 0,06–0,08% del total, lo que apunta a una enorme diversificación interna. Que no aparezcan gigantes muy repetidos sugiere que el peso está repartido entre miles de compañías. El mensaje práctico es que el riesgo específico de una sola empresa es muy bajo; los movimientos de la cartera vendrán sobre todo del comportamiento del mercado global en conjunto.
El análisis de factores muestra un sesgo dominante hacia tamaño (size) y un componente relevante de momentum. Los factores son como “ingredientes” que explican por qué ciertos grupos de acciones se comportan de forma parecida a lo largo del tiempo. Un fuerte sesgo a size indica sobreexposición a compañías pequeñas respecto a un mercado neutro, lo que impulsa el potencial de crecimiento pero endurece las caídas en crisis. El factor momentum, al 50%, sugiere que una parte significativa del rendimiento se ha apoyado en tendencias recientes, lo que suele funcionar bien en mercados que siguen una dirección clara, pero puede doler cuando hay giros bruscos.
La contribución al riesgo está bastante alineada con los pesos: el ETF global, con un 70% de la cartera, aporta alrededor del 73,8% del riesgo total, mientras que el ETF de small caps, con un 30%, contribuye un 26,2%. El concepto de contribución al riesgo mide cuánto aporta cada posición a las subidas y bajadas globales, que no siempre coincide con su peso en porcentaje. Aquí, la relación riesgo/peso cercana a 1 indica que ninguna de las dos posiciones está “dominando” de forma desproporcionada. Esto es positivo: señala una estructura simple en la que el riesgo está repartido de manera bastante lógica entre las dos patas de la cartera.
Este gráfico muestra la Frontera Eficiente, calculada usando tus activos actuales con diferentes combinaciones de asignación. Destaca el mejor equilibrio entre riesgo y rentabilidad basándose en datos históricos. Los portafolios "eficientes" maximizan la rentabilidad para un riesgo dado o minimizan el riesgo para una rentabilidad dada. Haz clic en cualquier punto para explorar esa asignación.
Haz clic en los puntos de colores para explorar las asignaciones.
En el gráfico de riesgo vs retorno, la cartera actual está sobre la frontera eficiente, lo que significa que, con estos dos ETFs, la combinación es ya bastante eficiente. La frontera eficiente representa las mezclas que ofrecen la mejor rentabilidad posible para cada nivel de riesgo. Aun así, existe una cartera “óptima” cercana con un Sharpe ratio algo mayor y una versión de igual riesgo con retorno esperado superior, lo que indica que pequeños ajustes de pesos podrían mejorar ligeramente el binomio riesgo–retorno sin añadir nuevos productos. En esencia, estás muy bien posicionado, con solo un margen limitado de mejora a través de un rebalanceo fino.
El dividendo total estimado de la cartera es modesto, alrededor del 0,75%, con el ETF de small caps aportando una rentabilidad por dividendo del 2,5%. Esto indica que la estrategia está más centrada en crecimiento del capital que en renta periódica. Para quien busca ingresos regulares, esta cifra puede ser baja; sin embargo, para un enfoque de acumulación a largo plazo, priorizar empresas que reinvierten beneficios suele ser coherente. Los dividendos siguen aportando una parte de la rentabilidad total y ayudan algo en periodos laterales, pero aquí son claramente secundarios frente al potencial de revalorización de las acciones.
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