El perfil de riesgo, derivado de las fluctuaciones pasadas del mercado, muestra el riesgo al que está expuesta la cartera. Esta evaluación ayuda a armonizar sus inversiones con sus objetivos financieros y su propensión al riesgo.
El perfil de diversificación evalúa la distribución de las inversiones entre distintas clases de activos, regiones y sectores. Esta evaluación ayuda a reducir los riesgos, maximizar los rendimientos y evitar la concentración excesiva en una sola área.
La cartera está muy ordenada: 18 posiciones, casi todas con un peso similar cercano al 5.5%. Un 100% está invertido en acciones, combinando empresas individuales grandes y consolidadas con varios ETF globales y temáticos. Esto crea un equilibrio entre apuestas directas y diversificación vía fondos. Tener pesos tan parecidos facilita entender el impacto de cada posición en el conjunto y simplifica los rebalanceos futuros. La presencia de ETF amplios convive con posiciones muy específicas en energía, materias primas y algunas compañías de crecimiento. En conjunto, es una estructura bastante clara, de riesgo medio-alto, pero con un marco que permite ajustar exposiciones sin tener que rehacer por completo la cartera.
El histórico muestra un CAGR del 16%, es decir, una tasa de crecimiento anual compuesta muy elevada para una cartera equilibrada. El máximo drawdown de aproximadamente -25% indica caídas significativas pero no extremas frente a episodios de mercado tensos. Que el 90% de los retornos se concentre en solo 18 días resalta cuánto dependen los resultados de unos pocos momentos clave del mercado. Esto refuerza la idea de que intentar hacer market timing suele ser arriesgado. Mantenerse invertido y evitar entradas y salidas impulsivas puede ser más efectivo que tratar de predecir esos pocos días que explican casi todo el crecimiento a largo plazo.
El análisis Monte Carlo utiliza los datos históricos para simular 1.000 trayectorias posibles de la cartera, “remezclando” los retornos para ver un rango de futuros. En estas simulaciones, la mediana de crecimiento ronda el +502% y la media anualizada de las simulaciones es de 18.3%, con 958 de 1.000 caminos acabando en positivo. El 5º percentil, en torno al +15.9%, representa un escenario muy conservador pero aún en verde. Aun así, es clave recordar que las simulaciones se basan en el pasado y no pueden prever cambios estructurales en la economía o políticas, por lo que deben verse como un mapa orientativo, no como una promesa de resultados.
La asignación por clases de activos es sencilla: 100% renta variable, sin bonos ni efectivo significativo. Esto maximiza el potencial de crecimiento a largo plazo, pero también expone totalmente la cartera a la volatilidad de la bolsa. Frente a carteras mixtas que combinan renta fija y liquidez, aquí no hay colchón defensivo natural en crisis prolongadas. Para un inversor con horizonte largo y tolerancia a ver caídas temporales, puede ser razonable; para alguien más conservador o con necesidades de liquidez cercanas, suele ser útil combinar acciones con activos más estables para suavizar la montaña rusa de los mercados.
El reparto sectorial es muy distintivo: energía (28%) y materiales básicos (17%) suman casi la mitad de la cartera, complementados con exposición relevante a servicios de comunicación, tecnología, financieros, consumo cíclico, industriales y salud. Esto crea un sesgo claro a materias primas y energía, que suelen beneficiarse de ciclos de inflación, repuntes de demanda industrial y tensiones geopolíticas, pero sufren en fases de transición energética rápida o caídas en el precio de las commodities. Al mismo tiempo, el peso moderado en sectores de crecimiento y defensivos añade cierto equilibrio. La clave es que esta fuerte apuesta sectorial sea intencional y compatible con la tolerancia a fuertes oscilaciones ligadas al ciclo económico.
La exposición geográfica está bien diversificada pero con un liderazgo claro de Norteamérica (60%) y Europa desarrollada (30%), mientras que Asia emergente y desarrollada aportan algo de sabor adicional con porcentajes pequeños. Este perfil se parece bastante a muchas referencias globales, por lo que el alineamiento con estándares mundiales es bueno. Tener la mayor parte en mercados desarrollados reduce ciertos riesgos políticos y de gobernanza típicos de algunos emergentes, aunque también puede limitar algo el potencial de crecimiento explosivo. Las pequeñas exposiciones a Asia, África/Medio Oriente y Australasia añaden una pizca de diversificación extra sin dominar el comportamiento global de la cartera.
Por capitalización, la cartera está dominada por empresas mega (43%) y big cap (49%), con solo una pequeña parte en mid, small y micro caps. Esto significa que el comportamiento se parecerá bastante al de los grandes índices globales, donde mandan los gigantes más consolidados y líquidos. Las compañías enormes suelen ser más estables, con modelos de negocio probados, aunque a veces con crecimientos más moderados. La porción reducida en empresas pequeñas puede limitar la participación en historias de alto crecimiento pero también recorta parte de la volatilidad extrema. Este sesgo a grandes compañías encaja bien con un perfil que busca solidez y menos sorpresas bruscas en comparación con carteras llenas de small caps.
El análisis look-through, basado en las diez principales posiciones de cada ETF, muestra poca solapación explícita: las mayores exposiciones provienen sobre todo de las acciones individuales, no repetidas en los ETF según estos datos. Sin embargo, la cobertura parcial (44% del contenido de los ETF) implica que puede haber más duplicidades ocultas, especialmente en grandes tecnológicas y financieras incluidas en los índices amplios. Esto significa que la concentración real en algunas empresas líderes puede ser algo mayor de lo que aparenta el listado directo. Revisar periódicamente las principales posiciones de los ETF ayuda a entender mejor en qué compañías estás realmente cargando más riesgo, incluso sin comprar sus acciones directamente.
El análisis de factores muestra fuertes sesgos a momentum, calidad, baja volatilidad y yield, además de una inclinación moderada hacia valor. Los factores son como “ingredientes” que explican por qué ciertas acciones se comportan mejor o peor: momentum favorece lo que ya está subiendo, calidad apunta a empresas sólidas, baja volatilidad busca estabilidad y yield mira el dividendo. Esta combinación suele comportarse bien en mercados que premian compañías robustas con tendencias positivas, pudiendo sufrir algo más en giros bruscos hacia estilos muy especulativos. El tilting relativamente neutro en tamaño sugiere que el comportamiento por capitalización no se aleja mucho del mercado, reforzando un perfil equilibrado pero con énfasis en empresas fuertes y en tendencia.
La contribución al riesgo muestra que algunas posiciones pesan mucho más en la volatilidad total que en el peso. Por ejemplo, AMD, con un 5.56% de peso, aporta un 11.3% del riesgo total, más del doble de lo que le correspondería por tamaño. Los ETF de mineras de uranio y cobre también tienen ratios riesgo/peso elevados. En conjunto, las tres posiciones más arriesgadas concentran más de una cuarta parte del riesgo de la cartera. Esto es normal cuando se incluyen activos muy cíclicos o volátiles, pero conviene tenerlo presente: pequeños ajustes de peso en esas posiciones pueden reducir significativamente los vaivenes del conjunto sin cambiar demasiado la estructura general.
Este gráfico muestra la Frontera Eficiente, calculada usando tus activos actuales con diferentes combinaciones de asignación. Destaca el mejor equilibrio entre riesgo y rentabilidad basándose en datos históricos. Los portafolios "eficientes" maximizan la rentabilidad para un riesgo dado o minimizan el riesgo para una rentabilidad dada. Haz clic en cualquier punto para explorar esa asignación.
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En el análisis de riesgo vs. retorno, la cartera actual se sitúa por debajo de la cartera óptima disponible con los mismos activos, ya que una reponderación permitiría, al mismo nivel de riesgo, aumentar la rentabilidad esperada hasta alrededor del 29.1%. La cartera óptima tiene también un riesgo contenido de unos 16.1%. La curva de la frontera eficiente muestra la mejor combinación posible entre riesgo y retorno usando solo las posiciones ya existentes. Esto sugiere que, sin añadir ni quitar activos, un ajuste de pesos podría mejorar el perfil riesgo/retorno, acercando más la cartera a la eficiencia teórica. Es una buena señal: la materia prima es sólida, solo haría falta afinar la mezcla.
La rentabilidad por dividendo agregada, en torno al 0.44%, es baja, pese a contar con una acción con dividendo muy elevado como Mercedes-Benz. Esto indica una clara orientación hacia el crecimiento de capital más que hacia ingresos periódicos. Para quien busque cobrarse una “paga” regular, esta configuración no es ideal; sin embargo, reinvertir beneficios y priorizar empresas con buenas perspectivas de revalorización puede maximizar el valor a largo plazo. Además, un dividendo bajo reduce el impacto fiscal recurrente en muchas jurisdicciones. Si en algún momento el objetivo pasa a ser generar flujo de caja, se podría considerar aumentar gradualmente la exposición a compañías y fondos con políticas de reparto más generosas.
Los costes de los ETF, medidos por el TER, oscilan entre 0.18% y 0.85%, con temáticos como uranio y cobre en la parte alta y ETF de índices globales en la parte muy baja. El TER total estimado de la cartera, de 0.12%, es sorprendentemente competitivo, especialmente teniendo productos de nicho. Esto es una gran noticia: comisiones bajas significan que más rentabilidad se queda contigo y no se va al proveedor, y el efecto compuesto de ahorrar incluso unas décimas anuales puede ser enorme a 10–20 años. Mantener este foco en costes moderados, especialmente para las posiciones núcleo, es una excelente práctica para la construcción de patrimonio.
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